11/02/15

Como ser o perfecto concursante de Masterchef

A televisión xa está a preparar unha nova edición de Masterchef agora que xa rematou Masterchef Junior. Gustaríache participar e, sobre todo, gañar? Con estes consellos non aseguramos que gañes, pero... se les entre liñas seguro que adiviñas algunha que otra crítica ó programa, non si?

Este é un artigo de opinión de Javier Fernández en Revista GQ:

A estas alturas de programación todo el mundo ha notado en algún momento la llamada del cocinero que lleva dentro oculto durante lustros, “reservado” para ser exactos. Ese abrir latas sin mancharse, esa mermelada encima del paté o el arabesco con vinagre de Módena sobre fondo de lechuga iceberg no eran más que señales inequívocas de que algo se estaba cociendo, a baja temperatura eso sí. Con la caramelización y el emplatar
en vertical llegó la osadía, que en muchos casos no pasa de desfachatez, de asegurar que “hago un X que te mueres” o “el mejor Y que has probado en tu vida”.
Llega un día en que, para algunos, no es suficiente con las caras de satisfacción de los comensales. Quieren ir más allá, certificar sus dotes culinarias ante un jurado y en televisión, como dios manda. Plenos de confianza se la juegan, porque en los concursos de cocina no basta con participar, ni tan siquiera con destacar: hay que ganar. Los que quedan por debajo del triunfador saben guisar, sí, pero “como cualquiera”. Sólo el Elegido recibirá premios, será reconocido por Los Cocineros con Estrella Michelín y tendrá el cariño de público. El resto serán vajilla rota.
La visualización de muchos y diversos programas de cocina permite realizar un perfil ganador. Si lo cumples, preséntate, si no quédate en casa y mantén ese prestigio ganado en tu entorno a base de domingueos, cenitas y no dejar que frieguen los platos.
Este es el menú del éxito:
  • Aperitivo: Saber cocinar muy bien
    Se trata de un concurso para cocineros que quieren ser famosos, no un cursillo para principiantes. El “nunca lo había hecho” y otras manidas excusas quedan para esos arribistas infantiles que hasta hace poco no llegaban a la vitrocerámica. Aquí se viene esferificando de casa, con visión térmica y sabiendo distinguir las especias por el ruido que hacen. En las primeras fases se testa la versatilidad y capacidad de adaptación. El jurado evalúa implacable cada uno de los cientos de bocados que traga. Presentación, textura y en boca deben ser tus apellidos.

  • Primero: Competitivo y educado
    Estarás rodeado de rivales que creen ser la nueva esperanza (con chaquetilla) blanca de los fogones patrios, aunque lo oculten bajo la apariencia de inocente afición. Cuidado, la competitividad debe estribar en lograr los mejores platos, no en desestabilizar al resto con cuchilladas (figuradas, claro, las otras descalifican directamente). Si te piden la xantana, pásala con una sonrisa. Es fundamental no cruzar la línea que separa la autoconfianza de la arrogancia, tan fina como el pelo de una gamba. Los engreídos no ganan, animan el programa entre platos y suelen quedarse en semifinales. No puede triunfar el malo, nadie quiere ver como el primer clasificado alza el trofeo mientras muestra su dedo corazón con una risa malvada entre rayos y truenos. La audiencia quiere que triunfe el bien para pensar que un mundo mejor es posible, o al menos eso han decidido las televisiones.

  • Segundo: Originalidad
    Si en la fase final presentas un menú compuesto por melón con jamón, gambas gabardina, codillo y postre de la casa ganarás sin problema en Benidorm en 1974. Tampoco se está vendiendo muy bien la comida de astronauta con toques tech. Desplazarte por la cocina propulsado por nitrógeno líquido está muy visto. Ni por asomo copiar la receta de nadie y cuidado con las “influencias”. Hay más cocineros con Estrella Michelín que minions, hacen cameos constantemente en plató y penalizarán que les imites salvo que te lo pidan. A la hora de la verdad admiran platos con ingredientes reconocibles, de apariencia sencilla pero elaboración compleja, bien hechos, con toque personal. Tu marca es lo que te llevará a la portada de un libro de recetas, a anunciar menaje o a salir por la puerta del office.

  • Postre: Historia emocionante
    El jurado es duro por fuera y tierno por dentro. Cuanto más avances (a menos concursantes, más tiempo para cada uno) querrán profundizar en algunos aspectos personales de tu vida. Esto culminará en la final cuando te pregunten por tus motivaciones para estar entre fogones, por tu primer plato. Es el momento de empatizar con ellos, de hacerles ver que no sólo cocinas increíble, además eres portador de los más profundos valores universales y toda la tradición de siglos estará a salvo en tus innovadoras manos. ¿Cómo se hace esto? La herencia familiar es infalible. Trepa por tu árbol genealógico todo lo que puedas y desciende lentamente con el guiso más modesto posible. Añádele algún componente emotivo: esa patata hervida sólo la comíais, entre todos, cuando nacía un nuevo miembro en la familia y el encargado de prepararla era el que velaba por todos. Tú siempre quisiste hervir esa patata. Entonces, ¿estás preparado para entrar en un concurso de cocina o prefieres seguir luciéndote en círculos reducidos? Hay que tomar la decisión, es hora de comer algo.

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