O blog da biblioteca do CPI da Ribeira

WOLKE, R. L. Lo que Einstein le contó a su barbero. Respuestas científicas a lo incomprensible de la vida cotidiana. Barcelona: Ed. Ma Non Troppo, 2003. ISBN 84-95601-53-2.

Contracuberta:
¿Se ha preguntado alguna vez por qué el océano es azul? ¿Por qué los pájaros no se electrocutan cuando se posan sobre los cables eléctricos de alto voltaje? ¿A qué se debe que los cubitos de hielo presenten ese aspecto nebuloso? ¿O si sería posible escuchar la radio mientras se viaja en automóvil a la velocidad del sonido?
Robert L. Wolke, como ya demostró en Lo que Einstein no sabía, nos ayuda a desentrañar y comprender cientos de fenómenos con los que convivimos a diario sin apenas reparar en sus causas y sus porqués. En este nuevo libro, Wolke nos deleita con más explicaciones amenas y rigurosas acerca de fenómenos corrientes tales como la gravedad (si usted viaja en un ascensor que cae, ¿se salvará si salta en el último instante?) o la acústica (¿por qué un látigo provoca un chasquido tan sonoro?), además de otros hechos asombrosos (si se dispara una bala hacia lo alto, ¿podría matar a alguien al caer?) y otras cuestiones prodigiosas y desconcertantes que pueden llegar a causar gran controversia en cualquier reunión de amigos.

"¿Caliente, caliente, lo más caliente?

Si el cero absoluto es la temperatura más baja posible, ¿existe la temperatura más alta posible?

Sí. Pero comencemos a una temperatura meramente templada y vayamos aumentando el calor de manera gradual.
El calor es la energía que una sustancia contiene en su interior, debido al hecho de que sus átomos y moléculas están en movimiento (véase pág. 89). Pero la temperatura es un concepto construido por el hombre, inventado para que podamos hablar entre nosotros sobre cuánta energía tiene una sustancia, y le asignamos números a eso. Cuando decimos que estamos «aumentando la temperatura» de un objeto, estamos añadiendo energía calorífica a sus átomos y moléculas y haciendo que se muevan más rápido. El límite final de enfriamiento y ralentización de dichos átomos y moléculas debe ser cuando ya no se mueven en absoluto; eso es el cero absoluto (véase pág. 89). La cuestión que nos concierne, entonces, se limita a si hay algún límite a lo rápido que esos átomos y moléculas pueden moverse.
Pero mucho antes de que podamos alcanzar ningún límite de velocidad, deben ocurrir varias cosas. En primer lugar, si la sustancia es un sólido se fundirá en un líquido. Entonces a una temperatura más alta el líquido hervirá y se convertirá en un vapor o gas  —una condición en la que los átomos o moléculas están moviéndose rápida y libremente en todas direcciones—. Conforme la temperatura es más y más alta, se mueven más y más rápido. Por ejemplo, las moléculas de nitrógeno en el aire de su horno a 177 grados Celsius se mueven a una velocidad media de 2.300 kilómetros por hora.
Si la sustancia está compuesta de moléculas (grupos de átomos pegados), tarde o temprano estas se desharán en fragmentos más pequeños o incluso en sus átomos individuales, como consecuencia de las fuerzas demoledoras de sus violentas colisiones. En otras palabras cada compuesto molecular se descompondrá a una temperatura lo suficientemente elevada".
(A explicación continúa na páx. 100)

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