O blog da biblioteca do CPI da Ribeira

GRAN, Sara. Claire DeWitt y la ciudad de los muertos. Ed. Destino, 2013. ISBN 978-84-233-4725-4.

Contracuberta:

Claire DeWitt es la mejor detective del mundo. Forma parte de un elitista club que utiliza métodos de investigación como la consulta del I Ching o drogas capaces de abrir la mente a otras realidades. La desaparición de un acaudalado ciudadano durante el huracán Katrina la lleva hasta una ciudad destrozada que significa mucho para ella: Nueva Orleans.

«Es la primera voz realmente nueva que he leído en años. Sara Gran combina todos los ingredientes de la buena y sólida narración y añade un algo sumamente original». SUE GRAFTON

«Claire DeWitt es impertinente, está chiflada, toma drogas y se considera la mejor detective del mundo. Y podría ser que tuviera razón». Stern

«La novela de Gran no es sólo un libro poco convencional sobre la Nueva Orleans que dejó el huracán Katrina, también es una de las historias de detectives más originales de los últimos años. Qué digo…, ¡de las últimas décadas!». Der Tagesspiegel

«Sara Gran inaugura un nuevo capítulo de la novela negra. Increíblemente bueno». Die Zeit


 "El Lugar Misterioso era uno de esos sitios en que una casa se deslizaba inexplicablemente por una colina y violaba todas las leyes conocidas de la física con sus suelos irregulares, sus paredes desiguales y las bolas que rodaban hacia arriba, algo que durante la visita guiada se insistía en que no era, en absoluto, ningún tipo de ilusión óptica. También se anunciaba un pequeño rebaño de cabras pigmeas, dos manantiales de agua caliente, varias secuoyas enormes y una tienda de recuerdos. Detrás de todo eso estaban las cabañas de alquiler. El negocio lo dirigía un investigador privado jubilado llamado Jake, de San Francisco. Había oído hablar de ese lugar durante años, pero nunca había estado allí. Jamás lo había necesitado.
—Claire cuidará de las cabras —le dijo Nick a Jake cuando llegamos.
Jack asintió. Un joven que podía haber sido hijo de Nick me enseñó todo el lugar y me instaló en una cabaña. Hacerse cargo de las cabras fue un trabajo duro. Lo principal era asegurarse de que no engordaran demasiado. Había una máquina expendedora de comida para cabras y los animales habían aprendido a mostrarse hambrientos. Las cabras gordas iban a parar a un corral aparte donde los visitantes no pudieran alimentarlas.
Esa noche, tras unas horas de mover mierda de cabra con una pala, volví a dormir. Unos días más tarde, después de darle más a la pala, reparar vallas y reñir a las cabras, empecé a comer.
Nick venía a verme una o dos veces por semana, dosificaba las hierbas que me hacía tomar, trabajaba en rellenar los huecos de mi aura y discutía mi tratamiento con el difunto doctor Cayce. Al final de la tercera semana le conté lo que había pasado.
—Era una chica —le dije sentada en la cama, mientras miraba por la ventana—. Un caso de una mujer desaparecida, una chica. La encontré en la bahía y era…
No terminé la frase.
—Ves cuerpos todo el tiempo —dijo él.
—Era como yo, exactamente igual que yo".

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