O blog da biblioteca do CPI da Ribeira

The Plutonium Files

Fuente: kurioso.es

En los años 40 y durante 8 años, en una escuela de Massachusetts para discapacitados, se alimentó a 73 niños con isótopos radiactivos mezclados con papilla de avena para estudiar la forma en que digerían tan energéticos ‘nutrientes’. 40 años más tarde, la periodista Eileen Welsome encontraba cerca de la Base Aérea de Nuevo México, los cadáveres de varios perros ‘radiactivos’. Iniciaba una investigación que, además de lograr el Pulitzer, haría públicas todas las atrocidades cometidas por Estados Unidos en la carrera por la bomba atómica.

Seis años antes, la joven periodista estuvo escribiendo e investigando para un pequeño periódico local sobre algunas intoxicaciones por componentes radiactivos en la zona. Recopiló informes sobre un total de 18 personas que fueron envenenadas con plutonio por científicos a sueldo del gobierno federal. El origen del descubrimiento y punto de partida de toda la investigación, surgió por casualidad en una visita a la base aérea local al encontrar una nota sospechosa:
“Yo estaba cubriendo una historia en la Base Aérea Kirtland, porque alguien denunció que había componentes explosivos en el agua del valle; y fui a la base porque el único lugar de donde estos explosivos podrían proceder es de allí [...] “En uno de los libros de un despistado funcionario había una nota sospechosa sobre animales radiactivos que me hizo investigar…” Eileen Welsome.
Eileen rastreó durante su ‘inocente visita’ a la base el origen de la nota en uno de los archivos del sótano hasta localizar los documentos que mostraban los macabros experimentos radiactivos con animales en la base y su posterior traslado al vertedero de la misma sin ningún tipo de precaución. Pero eso solo era el comienzo, tirando de documentos pronto encontraría hasta 18 casos de experimentación en humanos.. Tenía una bomba y tenía que contarla, pero decidió recopilar más pruebas y tirar de la manta. Anotó los nombres de todos los científicos implicados y comenzó a investigar en la biblioteca de la universidad. Los pacientes se identificaban por nombres en clave y los localizó uno por uno (a los vivos o sus familiares) para contar a todo el mundo y denunciar su historia
Ellmer Allen (pseudónimo CAL-3) era un camarero que trabajaba en los ferrocarriles de San Francisco en los años 40. Una mañana cualquiera tuvo un accidente laborar en un tren a Chicago que le provocó una pequeña herida en la pierna, acabando en el hospital público. A los tres días le diagnosticaron un sorprendente sarcoma osteogénico y le dijeron que había que amputar. A la vez le inyectaron plutonio 239 en un muslo. Era 18 de julio de 1947. Él siempre sospechó de aquella maniobra extraña pero todos los galenos estaban compinchados y organizados en una red secreta de información gubernamental. Su médico de cabecera le diagnosticó una esquizofrenia paranoide al mismo tiempo que enviaba puntualmente muestras de tejido de su pierna al Laboratorio Nacional de Energía de Argonne. El seguimiento de Ellmer y sus horribles dolores duró hasta los años 70. Murió en 1991 sin conocer la verdad de su historia.

Ellmer fue el último de los 18 pacientes reclutados sin su autorización y con la connivencia del mismísimo Robert Oppenheimer; físico y director científico del Proyeto Manhattan. Una trama espantosa que -muchos no saben- se prolongó 30 años más allá del final de la Segunda Guerra Mundial y que convirtió a cientos de pacientes en conejillos de indias sin ‘consentimiento informado’ para intentar descifrar los efectos de la radiación en humanos.


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