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06/02/12

Se le vio, caminando entre fusiles

La semana pasada comentamos el primer encuentro entre Federico García Lorca y Antonio Machado, y publicamos un poema de Lorca dedicado a este.
Hoy toca un poema de Machado dedicado a Lorca, pero con un regusto mucho más amargo. A Lorca lo fusilaron en 1936, al inicio de la Guerra Civil, por ser republicano y homosexual (dos crímenes imperdonables entonces). Este es el homenaje que le hizo Machado:


EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA

1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

                              Antonio Machado, 1936

02/02/12

Dejaría en este libro toda mi alma

El poeta Federico García Lorca conoció al gran Antonio Machado cuando tenía apenas 18 años. Aquel encuentro dio origen a varios poemas y escritos, entre los que destaca este, dedicado a las Poesías completas de Antonio Machado:

Dejaría en este libro
toda mi alma.
Este libro que ha visto
conmigo los paisajes
y vivido horas santas. 

¡Qué pena de los libros
que nos llenan las manos
de rosas y de estrellas
y lentamente pasan! 

¡Qué tristeza tan honda
es mirar los retablos
de dolores y penas
que un corazón levanta! 

Ver pasar los espectros
de vidas que se borran,
ver al hombre desnudo
en Pegaso sin alas, 

ver la vida y la muerte,
la síntesis del mundo,
que en espacios profundos
se miran y se abrazan. 

Un libro de poesías
es el otoño muerto:
los versos son las hojas
negras en tierras blancas, 

y la voz que los lee
es el soplo del viento
que les hunde en los pechos
-entrañables distancias-. 

El poeta es un árbol
con frutos de tristeza
y con hojas marchitas
de llorar lo que ama. 

El poeta es el médium
de la Naturaleza
que explica su grandeza
por medio de palabras. 

El poeta comprende
todo lo incomprensible,
y a cosas que se odian,
él, amigas las llama. 

Sabe que los senderos
son todos imposibles,
y por eso de noche
va por ellos en calma. 

En los libros de versos,
entre rosas de sangre,
van pasando las tristes
y eternas caravanas 

que hicieron al poeta
cuando llora en las tardes,
rodeado y ceñido
por sus propios fantasmas. 

Poesía es amargura,
miel celeste que mana
de un panal invisible
que fabrican las almas. 

Poesía es lo imposible
hecho posible. Arpa
que tiene en vez de cuerdas
corazones y llamas. 

Poesía es la vida
que cruzamos con ansia
esperando al que lleva
sin rumbo nuestra barca. 

Libros dulces de versos
son los astros que pasan
por el silencio mudo
al reino de la Nada,
escribiendo en el cielo
sus estrofas de plata. 

¡Oh, qué penas tan hondas
y nunca remediadas,
las voces dolorosas
que los poetas cantan! 

Dejaría en el libro
este toda mi alma... 

Federico García Lorca, 1918